Cuando dejé de ser yo en el escenario, por fin pude aparecer
Cuando dejé de ser yo en el escenario, por fin pude aparecer
Don Quijote, 2017. Yo tenía treinta años y ya había hecho otras obras de teatro musical, pero esta era distinta. El elenco estaba lleno de cantantes líricos con años de carrera. Yo no me sentía a su nivel.
Recuerdo los minutos antes de salir a escena. Intentaba convencerme de que no estaba nerviosa, y eso solo hacía que la ansiedad creciera más. No quería reconocerlo — los demás parecían tan tranquilos. Dulcinea ni siquiera vocalizaba antes de entrar. Se paseaba por los pasillos del teatro con una calma que yo admiraba y, en ese momento, envidiaba un poco. Tenía tanto conocimiento de su propia voz que no necesitaba prepararse de la forma en que yo sentía que debía hacerlo.
Yo quería hacerlo bien. No quería defraudar a nadie, aunque mi papel fuera pequeño. Y para sumarle presión, era la primera vez que iba a cantar un solo: "I'm Only Thinking of Him". Una canción difícil, en todos los sentidos.
Lo que cambió todo no fue calmar los nervios. Fue dejar de intentar calmarlos.
En algún momento entendí que no estaba ahí como Denisse. Estaba ahí como Antonia. Empecé a fijarme en mi vestuario, en cómo se movía esa ropa, en lo que representaba. Encontré el cuerpo de Antonia, entré a su mundo emocional. Entendí su motivo, lo que la empujaba a cantar esa canción específica, en ese momento específico de la historia. Y ahí, sin darme cuenta, dejé de pensar en mí.
Esa es la paradoja más extraña del escenario: estás en el lugar donde más te observan, y sin embargo, el momento en que algo verdadero ocurre es cuando dejas de mirarte a ti misma. Mientras estuve pendiente de si lo estaba haciendo bien, de qué pensarían de mí, el miedo crecía. En cuanto me entregué al personaje, a la canción, a mis compañeros de escena, el miedo simplemente dejó de tener espacio.
Eso es el ego. Necesita mirada, necesita aprobación. Y el ego no funciona en el escenario.
Llevo años enseñando canto, y veo esto constantemente en mis alumnos. Personas con mucho talento que no suben a un escenario, no porque no sepan cantar, sino porque su mente no los deja. La técnica vocal por sí sola no resuelve esto. De hecho, a veces lo empeora — cuanto más sabemos, más cosas hay para que la mente vigile, corrija, juzgue.
No se trata de no tener miedo. Yo todavía lo siento, distinto al de aquel 2017, pero presente. Se trata de actuar aunque esté ahí.
No cantamos para que nos miren. Cantamos para que algo se mueva — en quien canta, y en quien escucha. Cuando dejamos de protagonizar, la música por fin tiene espacio para suceder.
¿Cuántas cosas no estamos viviendo por escuchar demasiado a nuestras mentes?
Denisse Iturra
19 de junio, 2026